Sólo a quien sabe cerca
da explicaciones la Muerte;
así, en lo íntimo,
calma el silencio de quien la presiente:
"Libre quedarás de los sentidos
para escuchar esa música,
la voz del Amor que te sostuvo
y te traigo por compaña.
No necesitas oídos;
resuena ahora en tu alma
concediéndote el don
de una serenidad
como nunca conociste.
Agotado el Tiempo,
se vuelve eterno;
no habrá relojes
ni sitio para lo triste.
No temas al vacío,
allá donde un alma queda,
asoma siempre
el aroma de la primavera.
Los ojos se cierran
para mirar desde fuera lo nuevo.
Olvidarás los espejos,
sentirás una suave caricia
para reconocerte por última vez,
más allá de la piel que aún te viste.
Tu cuerpo queda libre,
no tendrá ya el trabajo
de luchar por no hacerse viejo.
Te concedo el don de "il libero"
y tu presencia vivirá flotando
sobre los anhelos de quienes amaste.
No habrá dudas,
ni dolor, ni soledades.
Te sabrás con la seguridad
de permanecer allá dónde te amen.
No serás más esclavo del tiempo,
siéntelo deslizarse denso, lento, dulce:
será así este un eterno instante de miel."
No sé como será morirse,
pero si la Muerte sabe algo de la Vida,
así debería ser.
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Libera me, Domine, de morte aeterna, in die illa tremenda:
Quando caeli movendi sunt et terra.
Dum veneris judicare saeculum per ignem.
Tremens factus sum ego, et timeo,
dum discussio venerit, atque ventura ira.
Quando caeli movendi sunt et terra.
Dies illa, dies irae, calamitatis et miseriae,
dies magna et amara valde.
Dum veneris judicare saeculum per ignem.
Requiem aeternam dona eis, Domine:
et lux perpetua luceat eis.
("Requiem. Libera Me")
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