"- He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.
- Lo esencial es invisible para los ojos —repitió El Principito para acordarse".

Yo también me sigo repitiendo esas palabras como un dulce eco, entre línea y línea de cada verso que escribo, a veces, con tinta, también invisible.

Gracias, Antoine de Saint-Exupéry

lunes, 28 de mayo de 2012

Un cuarto con Luna

En un cuarto con Luna
en cuarto menguante,
contigo o ninguna
eres tú, eterno instante.

El rocío y la escarcha,
del Amor no saben nada,
que no les hayamos contado
durante la madrugada.
 
Fue en un cuarto con Luna,
que sonríe menguante,
el deseo de un nuevo día
hará al sol salir antes,
para que pase raudo el tiempo,
hasta volver a encontrarte
y dejar una habitación cualquiera
llena de Luna, 
y vacía de soledades.
 
 
 
 


miércoles, 23 de mayo de 2012

Peluquera

Yo que soy un desastre confeso,
que no conoce peine
ni sabe seguir los modelos,
solo me seco el pelo
para recordar como lo haces tú.

Poco importa
que sea el ruido del secador
y no música de piano
quien rompa el silencio,
mientras sostengo
tu cintura entre mis manos.

Buena hacedora 
de este que no es tu oficio,
me riñes con cariño 
por mover la cabeza sin permiso
mientras juego con el deseo,
hundiendo nariz y sueños
al calor de tu pecho.

Tus dedos bailan enredados
perdidos en mi cabello,
haciendo de un momento cotidiano,
paradigma de lo bello.

Yo que soy un desastre confeso,
me peino a deshoras
y frente al espejo
me dedico una sonrisa,
y para tí, practico un beso.









miércoles, 16 de mayo de 2012

No demasiado ( demasiado no )


Rezan las paredes
y las miradas
desde los altos andamios:

"No fumes demasiado,
no bebas demasiado;
no vayas demasiado aprisa
ni demasiado despacio;
ten cuidado, no ves, te van pisando.

No mires al cielo demasiado,
vas a tropezar;
no andes cabizbaja,
no estés demasiado triste
ni demasiado contenta;
vive atenta, procura dejar pasar.

No creas demasiado en las estrellas,
- demasiado bonito
para ser verdad -
No sueñes demasiado,
no confíes demasiado en los demás;
no quieras demasiado a la gente,
... igual que llega se va ...

No llores demasiado,
no protestes demasiado,
no estés demasiado callada"

Y yo pido a sus voces
no den a mi alma más consejos
que no valen para nada,
y ya diré yo si fue demasiado
cuando asome,
- tal vez por el oeste-
el Sol, mañana.




jueves, 3 de mayo de 2012

Il libero






Sólo a quien sabe cerca
da explicaciones la Muerte;
así, en lo íntimo,
calma el silencio de quien la presiente:

"Libre quedarás de los sentidos
para escuchar esa música,
la voz del Amor que te sostuvo
y te traigo por compaña.
No necesitas oídos;
resuena ahora en tu alma
concediéndote el don
de una serenidad
como nunca conociste.

Agotado el Tiempo, 
se vuelve eterno;
no habrá relojes
ni sitio para lo triste.
No temas al vacío,
allá donde un alma queda,
asoma siempre
el aroma de la primavera.
Los ojos se cierran
para mirar desde fuera lo nuevo.
Olvidarás los espejos,
sentirás una suave caricia
para reconocerte por última vez,
más allá de la piel que aún te viste.

Tu cuerpo queda libre,
no tendrá ya el trabajo
de luchar por no hacerse viejo.
Te concedo el don de "il libero" 
y tu presencia vivirá flotando 
sobre los anhelos de quienes amaste.
No habrá dudas,
ni dolor, ni soledades.
Te sabrás con la seguridad
de permanecer allá dónde te amen.

No serás más esclavo del tiempo,
siéntelo deslizarse denso, lento, dulce:
será así este un eterno instante de miel."


No sé como será morirse,
pero si la Muerte sabe algo de la Vida,
así debería ser.


________________________________________________
Libera me, Domine, de morte aeterna, in die illa tremenda:
Quando caeli movendi sunt et terra.
Dum veneris judicare saeculum per ignem.
Tremens factus sum ego, et timeo, 
dum discussio venerit, atque ventura ira.
Quando caeli movendi sunt et terra.
Dies illa, dies irae, calamitatis et miseriae, 
dies magna et amara valde.
Dum veneris judicare saeculum per ignem.
Requiem aeternam dona eis, Domine: 
et lux perpetua luceat eis.
("Requiem. Libera Me")
__________________




miércoles, 25 de abril de 2012

Amapolas verdes

Ana era un niña de fuertes convicciones. Así, una mañana de Abril, cuando aún contaba con solo tres años, decidió que le encantaban las amapolas: tan pequeñas, tan aparentemente frágiles, tan silvestres; todas tan iguales, todas tan diferentes, si te acercas a mirar.

Pensó que las cosas bellas debían ser así de sencillas, y se sorprendía encontrándolas lo mismo sobre una roca, que en mitad de la dehesa, o en el bordillo gris de la acera...

Siempre ocurría, cuando se encontraba triste, o aburrida, necesitando imaginar nuevos juegos con que llenar de color las largas horas del día, siempre, aparecía en su camino una amapola.

- Las amapolas son mágicas - se decía para sí, como no queriendo rebelar su íntimo secreto a nadie.- Y fantaseaba con maravillosas historias sobre dragones alados que vagaban aquí y allá repartiendo amapolas por el mundo, como hadas madrinas salpicando su camino de gotas de fantasía.

Una noche, estando en la casa de la playa, ya en la cama, - demasiado temprano a su entender-, pensaba en que no tenía sueño, en lo estupendo que sería estar correteando ahí fuera linterna en mano, o el porqué de estar acostada mientras sus mayores aún disfrutaban de la libertad de acostarse cuando les viniera en gana. No estaba lo bastante cansada para dormir, se sentía realmente sola, y verdaderamente aburrida.

Un sonido desconocido hasta el momento para ella la apartó de sus pensamientos; al principio se asustó, al no saber de qué se trataba, pero pronto se acomodó a él, y comenzó a imitarlo, al principio bajito, como tarareando aquel concierto desconcertante, y luego más y más alto, hasta que llamó la atención de su madre que acudió a la habitación para ver qué era esa algarabía, pensando que la niña lloraba.

Pero nada más lejos; cuando encendió la luz, la encontró saltando en la cama, croando a grito pelado, y riendo.

- ¿Te despertaron las ranas, mi niña? ¿ No las habías oído nunca, verdad?- preguntó su madre con una sonrisa, incapaz de reprender a la niña ante lo insólito de la escena. Se limitó a acurrucarla de nuevo, y besándola en la frente, le deseó dulces sueños, y salió de nuevo de su habitación.

Ana se sintió realmente feliz, y siguió alimentando en secreto su convicción de una mañana de Abril:

- Pobre mamá, las llama ranas... no sabe que en realidad son mágicas amapolas verdes.

Y así, una noche de Abril, aquella niña descubrió que le encantaban las amapolas, las rojas, y ahora también las verdes, y las que le quedaban por descubrir...



viernes, 20 de abril de 2012

Tengo


Tengo que escribir un libro,
que sembrar un árbol,
que tener un hijo
que lleve tu nombre
y mis orejas,
solo por hacerte rabiar.

Tengo que trazar un plan
que saltarnos sin más,
para salir a ver jugar a un lince
con su mágica madeja;
tengo que deshacerle el ovillo
y tejerte un poema.

Tengo que tirarle naranjas
a la Luna,
que no le de ninguna
y desde nuestro tejado
verlas rodar.

Tengo que sentarme a tu lado
a mirar la lluvia,
y salir a empaparnos
de nuestra locura.

Tengo la certeza
de que encontraré de tu mano
una de estas mañanas
a un unicornio entre los enebros.
Aún no sabes nada,
pero entre tanta magia,
es seguro que se esconden,
allá en Doñana.

Tengo que contarte
que estoy llena de sueños
de esos que no caben
en las madrugadas,
y que todo esto que tengo
no son más que excusas
para hacer vida a tu lado.

Tengo que contar hasta tres
y hacer posible la magia
de un beso que abra
los ojos cerrados.

Tengo al fin de al cabo
una agenda con mil puntos
que se resumen en dos:
Estar pendiente de ti
y del modo en que me miras
cuando te hablo de Amor.


miércoles, 18 de abril de 2012

Deseo de las nueve y diez

Regreso a casa,
el reloj me espera
marcando las nueve y diez.

Regreso a casa
con la esperanza de encontrar 
la dulce mentira 
de que no te has ido:
cruzar el pasillo,
descubrirte escondida
tras la puerta de la habitación;
volver de la mano al salón,
abrir un vino,
preparar una cena
que dejaremos a medias
para hacer el amor...

Regreso a casa,
- deseo concedido-
tengo la alegría de encontrarte:
estás conmigo,
sobre mi mesa,
mujer hecha papel.
Hoy acaricio tus palabras
como pronto haré con tu piel.

Regreso a casa,
el reloj me espera
marcando las nueve y diez.